domingo, 17 de junio de 2007

El nacimiento de Huitzilopochtli.


Mucho honraban los mexicas a Huizilopochtli, sabían ellos que su origen, su principio fue de esta manera:

En Coatepec, por el rumbo de Tula, había estado viviendo, allí habitaba una mujer de nombre Coatlicue. Era madre de los cuatrocientos Surianos y de una hermana de éstos de nombre Coyolxauhqui.

Y esta Coatlicue allí hacía penitencia, barría, tenía a su cargo el barrer, así hacía penitencia, en Coatepec, la Montaña de la Serpiente. Y una vez, cuando baría Coatlicue, sobre ella bajó un plumaje, como una bola de plumas finas. En seguida la recogió Coatlicue, lo colocó en su seno. Cuando terminó de barrer, buscó la pluma, que había colocado en su seno, pero nada vió allí. En ese momento Coatlicue quedó encinta.

Al ver los cuatrocientos Surianos que su madre estaba encinta, mucho se enojaron, dijeron:

¿Quién ha hecho esto?, ¿quién la dejó encinta? Nos afrenta, nos deshonra.

Y su hermana Coxolxauhqui les dijo:

Hermanos, ella nos ha deshonrado, hemos de matar a nuestra madre, la perversa que se encuentra ya encinta. ¿Quién le hizo lo que lleva en el seno?

Cuando supo esto Coatlicue, mucho se espanto, mucho se entristeció. Pero su hijo Huitzilopochtli, que estaba en su seno, la confortaba, le decía:

No temas, yo sé lo que tengo que hacer. Habiendo oído Coatlicue las palabras de su hijo, mucho se consolo, se calmó su corazón, se sintió tranquila.

Y entretando, los cuatrocientos Surianos se juntaron para tomar acuerdo, y determinaron a una dar muerte a su madre, porque ella los había infamado. Estaban muy enojados, estaban muy irritados, como si su corazón se les fuera a salir. Coyolxauhqui mucho los incitaba, avivaba la ira de sus hermanos, para que mataran a su madre.

Y los cuatrocientos Surianos se aprestaron, se ataviaron para la guerra.

Y estos cuatrocientos Surianos eran como capitanes, torcían y enredaban sus cabellos, como guerreros arreglaban su cabellera. Pero uno, llamado Cuahuitlicas, era falso en sus palabras. Lo que decían los cuatrocientos Surianos, en seguida iba a decírselo, iba a comunicárselo a Huitzilopochtli. Y Huitzilopochtli le respondía: Ten cuidado, está vigilante, tio mío, bien sé lo que tengo que hacer.

Y cuando finalmente estuvieron de acuerdo, estuvieron resueltos los cuatrocientos Surianos a matar, a acabar con su madre, luego se pusieron en movimiento, los guiaba Coyolxauhqui. Iban bien robustecidos, ataviados, guarnecidos para la guerra, se distribuyeron entre sí sus vestidos de papel, su anecúyotl, sus ortigas, sus colgajos de papel pintado, se ataron campanillas en sus pantorrillas, las campanillas llamadas oyohualli. Sus flechas tenían puntas barbadas.

Luego se pusieron en movimiento, iban en orden, en fila, en ordenado escuadrón, los guiaba Coyolxauhqui. Pero Cuahuitlicac subió en seguida a la montaña, para hablar desde allí a Huitzilopochtli, le dijo: Ya vienen. Huitzilopochtli le respondió: Mira bien por dónde vienen. Dijo entonces Cuahuitlicac: Vienen por Tzompantitlan. Y una vez más le dijo Huitzilopochtli: ¿Por dónde vienen ya?. Cuahutlicac le respondió: Vienen ya por Coayalpan. Y de nuevo Huitzilopochtli preguntó a Cuahuilicac: Mira bien por dónde vienen. En seguida le contestó Cuahutlicac: Vienen ya por la cuesta de la montaña. Y todavía una vez más le dijo Huitzilopochtli: Mira bien por sónde vienen. Entonces le dijo Cuahuitlicac: Ya están en la cumbre, ya llegan, los viene guiando Coyolxauhqui.

En ese momento nació Huitzilopochtli, se vistió sus atavios, su escudo de plumas de águila, sus dardos, sus lanza - dardos azul, el llamado lanza - dardos de turquesa. Se pintó su rostro con franjas diagonales, con el color llamado pintura de niño. Sobre su cabeza colocó pinturas finas, se puso sus orejeras. Y una de sus pies, el izquierdo era enjuto, llevaba una sandalia cubierta de plumas, y sus dos piernas y sus dos brazos los llevaba pintados de azul.

Y el llamado Tochancalqui puso fuego a la serpiente hecha de teas llamada Xiuhcóatl, que obedecía a Huitzilopochtli. Luego con ella hirió a Coyolxauhqui, le cortó la cabeza, la cual vino a quedar abandonada en la ladera de Coatépetl. El cuerpo de Coyolxauhqui fue rodando hacia abajo, cayó hecho pedazos, por diversas partes cayeron sus manos, sus piernas, su cuerpo.

Entonces Huitzilopochtli se irguió, persiguió a los cuatrocientos Surianos, los fue acosando, los hizo despersarse desde la cumbre del Coatépetl, la montaña de la culebra. Y cuando los había seguido hasta el pie de la montaña, los persiguió, los acosó cual conejos, en torno de la montaña. Cuatro veces los hizo dar vueltas.

En vano trataban de hacer algo en contra de él, en vano se revolvían contra él al son de los cascabeles y hacían golpear sus escudos. Nada pudieron hacer, nada pudieron lograr, con nada pudieron defenderse.

Huitzilopochtli los acosó, los ahuyentó, los destruyó, los aniquiló, los anonadó. Y no entonces los dejó, continuaba persiguiéndolos. Pero, ellos mucho le rogaban, le decían: ¡Basta ya!

Pero Huitzilopochtli no se contentó con esto, con fuerza se ensañaba contra ellos, los perseguía. Sólo unos cuantos pudieron escapar de su presencia, pudieron librarse de sus manos. Se dirigieron hacia el sur, porque se dirigieron hacia el sur, se llamaban Surianos, los pocos que escaparon de las manos de Huitzilopochtli. Y cuando Huitzilopochtli les hubo dado muerte, cuando hubo dado salida a su ira, les quitó sus atavíos, sus adornos, su anecúyotl, se los pusó, se los apropió los incorporó a su destino, hizo de ellos sus propias insignias.

Y este Huitzilopochtli, según se decía, era un portento, porque con sólo una pluma fina, que cayó en el vientre de su madre, Coatlicue, fue concebido. Nadie apareció jamás como su padre. A él lo veneraban los mexicas, le hacían sacrificios, lo honraban y servían. Y Huitzilopochtli recompensaba a quien así obraba.

Y su culto fue tomado de allí, de Coatepec, la montaña de la serpiente, como se practicaba desde los tiempos más antiguos.


Tomado de: http://www.wikilearning.com/el_nacimiento_de_huitzilopochtli-wkccp-1688-4.htm