domingo, 8 de julio de 2007

Extropía 1.0: Fuera de la Taberna la Noche y Ayanami


Por
Jesús Ademir Morales Rojas


Capítulo inicial de la novela colectiva de Ciencia Ficción
Extropía.

El hombre silencioso permanecía sentado en su gabinete entre las difusas penumbras, la atmósfera densa del lugar saturaba con aromas exóticos de humos y luz púrpura pesada, cada rincón del atestado local.
Michio Koki estudiaba al sujeto en cuestión sin mucho interés, agobiado en su interior por el fallecimiento de sus padres, por el recuerdo dulce y doloroso de Cynthia. No podía sacarse de la mente, además, la imagen aborrecible del par de robots reemplazantes de sus difuntos, que aguardaban su regreso a casa: esa sonrisa tan perfecta como fingida, esa actitud servil, programada y sosa.
Mientras imitaba al misterioso personaje y llevaba su bebida a los labios- una novedosa imitacion del martini, elaborado a base de soya china, que le producía una leve repugnancia en el paladar- Koki pensó con tristeza que el mundo entero se estaba desmoronando, irremisiblemente. Bastaba con observar a los muchos jóvenes que concurrian a esa miserable taberna de Oxford, antaño un respetable oasis de cultura vasta, y ahora poco a poco decayendo corroído por numerosos tecno-grupos clandestinos de protesta, que socavaban los cimientos de la alguna vez intachable y pomposa comunidad del saber. Koki miraba a su alrededor a aquellos imberbes con el rostro saturado de piercings, algunos con los rasgos voluntariamente deformados, por obra de singulares artilugios metálicos, para adquirir rasgos asiáticos, y sus ropas uniformadas como los antiguos "monos-blancos" italianos, que los distinguía notoriamente. Tales jóvenes se introducían en las terminales de sus nucas chips de contrabando japonés, conteniendo descargas de estimulantes chorros de subliminales mensajes que los hacía estremecer y adormilarse como los antiguos fumadores de pipas de opio. Koki se deprimía mucho al ver como la esperanza del mundo, se difuminaba poco a poco en virtualidades enfermizas y autodestructivas. Pero ahora nada de eso le importaba, sus sentidos precisos de cyborg, agudizados por el falso martini se concentraban en los nerviosos gestos del personaje en las sombras, que súbitamente se levantó y comenzó a vociferar con aguardientosa voz:
-¡ Miserables! ¡Criaturas abyectas! Todos ustedes despojos...viles.- los acordes dark-trance de la música del lugar se interrumpieron abruptamente, los comensales miraban asombrados la súbita transformación del hasta hace poco calmo sujeto, ahora un mar de agitación.
Koki se interesó vivamente en el hombre agitado que bramaba con voz aturdida por el alcohol:
-Me han quitado a mi Ayanami, me la han arrebatado, con sus viles y sucias artimañas, ¡malditos!
Entonces quiso desplazarse con demasiada ansiedad y cayó al suelo de bruces.
Todos comenzaron a burlarse con sonoras carcajadas y soeces exclamaciones, que casi obligaron a Koki a cubrirse los oidos.
Cuando el triste sujeto pugnó por levantarse con tremulos afanes, una de sus evidentes extremidades artificiales, un torcido brazo bio-mecánico, crujió angustiosamente, una manguera se partió y un líquido verduzco, algún lubricante artificial de su muñeca maltrecha, comenzó a esparcirse por todo el suelo de duela plástica fosforescente.
De inmediato aumentaron las risotadas de los testigos inclementes.
Y de igual manera un par de hombretones calvos, afros, y con kimonos oscuros se acercaron al desdichado y confundido musitador, con intención de arrojarlo de mala manera del establecimiento.
En ese momento Michio Koki decidió intervenir, y cuando ya el par de vigilantes sacudía con dolosa violencia al extenuado señor, el robusto cyborg se les interpuso y empujandolos con autoridad les arrebató al infeliz.
- ¡Basta, he dicho que es suficiente!
La autoridad de aquella voz demandante hizo a los vigilantes de la taberna meditar si era factible someterlo de la misma manera y arrojarlos a ambos a la calle. Pero el rostro duro de Koki, sus negras ropas y la fortaleza, también presumiblemente artificial de su figura, los hicieron desistir con súbita prudencia.
Koki entonces salió de la taberna sujetando al hombre tambaleante y del rigor de las miradas turbias de los clientes enfurecidos por ver cortada su ración de desventura ajena.
- Gracias, gracias, buen señor...- tartamudeó el herido.
- No se preocupe amigo- le respondió un Koki conmovido en extremo- al notar tanta desolación concentrada en una sóla persona- Digame, ¿cuál es su nombre?
El hombre miró a Koki intensamente, durante el instante que titubeó antes de contestar:
- Chatov, Toshiro Chatov.
- Señor Chatov, entonces - asintió Michio Koki, y luego al observar el brazo chorreante, y movido por un inesperado impulso agregó- eso no se vé nada bien, permitame pues, acompañarlo a su casa.
- No se moleste caballero, se apresuró Chatov con su rasposo tono de borracho.
- No, no es molestia- "De cualquier manera odio la idea de volver con "mis padres" pensó irónicamente Koki, toturándose.- inisisto además en ello, déjeme llevarlo con...Ayanami- intentó adivinar Koki, recordando el nombre pronunciado por el miserable beodo en sus reclamos en la taberna.
Al escuchar el nombre citado, Chatov se envaró y murmuró un tanto ambiguo:
- Eso, aunque dificil si, es algo que deseo... ayúdeme pues buen hombre, a llegar con ella, con mi hija.
Y de esta manera se internaron en la parte más paupérrima de Oxford, allí donde las colosales proyecciones de los luminosos anuncios holográficos no llegaba casí, y donde sólo algunos spinners se aventuraban por las vías elevadas con temor. De igual manera Koki coducía el suyo con gran cautela, dirigiéndose en vuelo, al domicilio que le había indicado un tembloroso Chatov.
Mientras contemplaban un horizonte colmado de columnas de fuegos industriales, humo y espirales infinitas de luces, Chatov relató su desventura a un Koki atento pero reflexivo:
-No hace mucho tiempo Ayanami, su madre y yo, que era ingeniero del Centro Espacial Cronia, eramos felices y teníamos una vida próspera.
Pero yo me enfrasqué de pronto en unos proyectos de exploración cosmológica que me apasionaron hasta el delirio: me obsesionaba conocer los límites del universo, las fronteras del ser mismo; me parecía casi inteligible su inconcebible comprensión total, el inherente pero irresistible absurdo de su plena conceptualización. Descuidé tanto a mi familia, que Magie, mi mujer, cayó en una depresión extrema y terminó en el suicidio.

Koki, se estremeció hondamente al escuchar esta referencia: la muerte reciente de su padre, el trágico acontecimiento de aquél suicidio, le calaba el alma insufriblemente.

Chatov prosiguió:
- A raiz de la muerte de Magie, me sumergí aún más en mi obsesión desquiciada- Koki advirió con el rabillo del ojo que gruesas lágrimas comenzaban a escurrir por el rostro descompuesto de Chatov, el pañuelo con el que contenía la fuga de líquido lubricante de su mano casi se saturaba, y en el asiento vinílico de copiloto del spiner aparecieron manchas verduzcas del mismo fluido- Ayanami por su parte, se enclaustró en su habitación y permanecía conectada a la red todo el día, no me preocupaba de su alimentación, de su higiene básica...era sólo una adolescente de diecisiete...¡Oh Dios mío!

Chatov comenzó a sollozar, Michio Koki lo apresuró con suavidad:
-¿Qué paso después?
Chatov se contuvo con dificultad y continuó:
-Esto lo supe posteriormente, cuando era ya demasiado tarde, revisando su blog personal y secreto: conoció a Serena, una joven lider de un grupo de hikikomoris. Adoctrinaron a Ayanami: la convencieron de que la vida real, la tangible, no merecía valor alguno y la arrastraron a una existencia virtual extrema, de alguna manera conseguía aditamentos armados para su equípo de cómputo, y ella diseño una terminal compleja e inextricable, en donde permanecía imbuida completamente.
"Una noche que arribé a casa, completamente perdido en mis teorizaciones frenéticas y en el alcohol barato, él único a mi alcance después de perder mi empleo en Cronía, busqué a Ayanami para pedirle perdón por mi egoista conducta. Entré a su habitación: la ví allí con su casco de integración hologramática puesto en la cabeza, de frente al enorme monstruo de consolas y cables, la ví allí pero ella ya no estaba más... se había perdido ya su alma, absorbida por la red... desde entonces no he descansado buscando como recuperar su conciencia robada, preparé su cuerpo clínicamente para preservarlo hasta reintegrarle su esencia extraviada... estoy desesperado... pero creo que he encontrado quien puede ayudarme para ello.-
Habían descendido ya del spinner de Koki y se encaminaban en la noche humeda y brumosa, a través de un laberinto de callejones derruidos, adornados con holo-graffitis que con sus imágenes de fantasías bizarras en movimientos cortos y periódicos, llenaban el ambiente urbano de una irrealidad casi respirable.
Caía además una lluvía sucia, tenue pero incesante.
-¿Quiénes dice usted que pueden ayudarle, Chatov?-preguntó Koki interesado, buscando reanudar el relato del vencido ingeniero.
- Hay unos hombres, un grupo especial y secreto, el grupo "Orfeo" se autodenominan-explicó cansinamente Chatov sin dejar de mirar al frente con rostro compungido.- sus integrantes reemplazan paulatínamente cada parte de su cuerpo, al ritmo de ciertos ritos iniciáticos, con componentes biomecánicos que les permiten acumular memoria RAM en su organismo.
Ellos hacen esto, para que al integrarse a la red tengan sus conciencias más potencia, en su navegación; porque ellos se han decidido a explorar los límites de la red mundial: el lugar donde se difumina la información interconectada y se puede uno asomar a la alteridad; el grupo "Orfeo" busca arribar a los límites mismos del ser y atisbar al más allá... yo he hecho algunas excursiones breves con ellos, he aprendido sus plegarias, sus ceremonias, he dejado la mayor parte de mi cuerpo en ello-
El hombre demacrado abrió su abrigo y Koki pudo ver que la mayor parte del cuerpo de Chatov era ya un amasijo de partes biomecánicas de tercera categoría: usadas, obsoletas y al punto casi del colapso, Koki sintió una honda piedad por esa desventurada persona.
- Pero, ¿Por qué? -inquirió Michio Koki-
- Tengo la esperanza de que estos sabios en sus exploraciones vastas hayan podido tener noticia del paradero de Ayanami, de mi niña, que esos jóvenes basura me han arrebatado, esos hikikomoris fugados, malditos viciosos, malnacidos...
Así se musitaba Chatov con rabia cuando, estando a punto de arribar a la casa del ingeniero, en un oscurísimo y asqueroso callejón, se encontraron de frente con una escena abominable:
Un vándalo, un "Chupa-ram", un integrante de una de las inumerables cyber-tribus clandestinas que deambulaban por las zonas miserables del Oxford profundo tenía preso entre sus grotescas extremidades mecánicas a un niño pequeño, un infante sin-hogar, a juzgar por su humilde apariencia, que se debatía con frenética ansiedad para liberarse del "pico" del Chupa-Ram que se le introducía con fiereza desesperada en su conector de la nuca, con el evidente fín de sorberle toda la memoria de su debil cuerpecillo.
El "pico" del cyber-vándalo era parte de la mascarilla grotesca que tenía injertada a su cuerpo, una adaptación artificial acumulada a su naturaleza torcida y adicta, que le permitía satisfacer su deleznable necesidad.
Koki y Chatov miraron la escena sorprendidos y pasmados de consternación, pero de pronto Chatov comenzó a temblar de furia, quiza porque la imagen de su Ayanami, de su niña arrebatada, le saturaba hasta el límite, su conciencia hecha remordimiento vivo, y entonces con su risible cuerpo tambaleante se lanzó en contra del vándalo con un chillido animal.
El Chupa-ram arrojó a un lado el desvanecido cuerpecito que se perdió entre un montón de basuras regadas y ante la embestida del flaco ingeniero, una risotada de incredulidad, de tono metálico, brotó de su boca deforme y con sus brazós fuertes sujetó a Chatov sin esfuerzo, y le rompió la columna de un salvaje abrazo.
Chatov abrió la boca de una manera casi imposible, y sus ojos desorbitados parecían querer escapar del dolor, de aquel cuerpo torturado.
Ya el Chupa-ram le sujetaba la nuca flácida y buscaba con su "Pico" el conector, con nefastas intenciones, cuando Michio Koki fue en su contra y lo estrelló contra los muros manchados de inmundicias.
Los dos hombres forcejearon brutalemente, cayeron en un charco amarillento y semi-acido. La fuerza del vándalo estimulada artificialmente por la memoria absorbida, los cambios, prohibidos por la ley, desarrollados en su organismo a fín de ganarle posibilidades de triunfo en esa vida salvaje de vicio y perdición que llevaba en las calles, le hacían ser un dificil adversario para Koki, que sin embargo con la furia de muchas desventuras recientes, con la indignación ante una vida insatisfactoria, en un mundo en descomposición tan plena, sin sus padres y sin Cinthia, le redoblaron los bríos. Entonces, tomó entre sus poderosas manos de cyborg la máscarilla del Chupa-ram, y le torció rotundamente el "pico", que al quebrarse, y al contacto con la lluvia fría, provocaron una explosión que devastó el rostro del vándalo quien de inmediato se enconchó y comenzó a agonizar entre estertores incontenibles...
Koki acudió entonces al auxilio de Chatov, que ya no podía más y estaba de igual manera, al borde de la muerte.
-Rápido ...ya no hay tiempo, por aquí.
Dieron la vuelta a la calle y entraron en un edificio derruido, y allí se introdujeron a un departamento penumbroso infestado de alimañas.
-Conécteme...conécteme- solicitaba con voz apenas audible Chatov
Koki depositó al agonizante en un sofá desvencijado y encendió un equipo complejo y poderoso, que parecía fuera de lugar en ese oculto nido de ratas. De los altavoces del computador, sin duda por una programación previa, comenzó a escucharse las suaves notas del Air de la Suite 3 de Johann Sebastian Bach.
- Con esto, por alli, así...- indicaba con gestos desvanecidos casi, Chatov a Koki, como vincularlo con el singular ordenador.
Por último Chatov señaló la pantalla con un índice roto y vacilante...
- El ícono... Ayanami.
Koki miró en la pantalla la pequeña imagen del rostro bellísimo de una joven de piel muy blanca, los ojos rasgados y hermosos y una cabellera breve, hasta la nuca, negra-azulada.
Al activar el ícono de la hija de Chatov, un software principió su activación y un medidor rojo apareció marcando el flujo de la conciencia de Chatov que ya a comenzaba a vaciarse en la red.
- Amigo, amigo...-casi con su último suspiro Chatov se dirigió a Michio Koki - en agradecimiento por su auxilio, quiero advertirle de algo... el grupo "Orfeo" , en sus viajes por la frontera de la no-información han encontrado regiones inconcebibles y extrañas: allí han germinado conciencias autónomas de datos, extraños seres que se han percatado de la existencia de nuestro mundo y se apoximan a él con intenciones nefastas...van a tomar el control de las IAs que regulan y movilizan el orden, la organización de las instituciones del mundo nuestro, el cáos, el fin se aproxima...escape amigo, mientras pueda...los "Orfeo" lo han sabido, y por eso apresuraron su gran exploración hacia la nada, hoy es la partida... puede venir si quiere...
Koki miró al hombre que ya se perdía a través del disco duro del ordenador, y negó con la cabeza suavemente...
-Chatov, una última pregunta-inquirió con serio tono Koki- ¿va con los viajeros del "Grupo Orfeo" para investigar el paradero de Ayanami, o para satisfacer sus ansias de saber: para encontrar esa respuesta que ha buscado tanto?... digame la verdad, Chatov.
Pero Chatov sólo se limito a responderle con una postrera lágrima que descendió por su rostro vacío.
Michio Koki esperó en silencio hasta que Chatov se desvaneció en la red, luego, cuando las notas bellas de Bach finalizaron, apagó el equipo, y salió pensativo hacia a la noche.




Sítio de la novela colectiva de Ciencia Ficción Extropía:
http://www.escritorium.com/extropia/

Información de cómo participar en la novela colectiva Extropía aquí:
http://www.escritorium.com/3122/cosmodelia-/foro-sobre-la-novela-colectiva-de-ciencia-ficcion-quotextropia-1-0-quot/


Imagen tomada de obra de Kay Sage:
http://www.artinthepicture.com/artists/Kay_Sage/tomorrow.jpeg

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